Mantener la calma cuando llegas tarde al ferry

Ilustración de un paisaje

Llegar tarde al ferry es una de esas situaciones que ponen el corazón a mil. Ves la barrera cerrada, el barco a punto de salir o ya alejándose, y el ánimo cae de golpe. En ese momento, lo más importante es respirar hondo y mantener la calma. Los nervios no harán que el barco vuelva, y una mala reacción puede estropear el día de todos. Con serenidad, casi siempre hay una solución.

Lo primero es no correr más de la cuenta. Apresurarse en la carretera para llegar a tiempo es peligroso, y si ya no hay remedio, ir más deprisa no servirá de nada. Aparca en un lugar seguro, sal del coche y respira. Habla con los que van contigo con calma, y explica a los niños lo que ha pasado sin dramatizar. Su humor depende mucho del tuyo.

Cómo aprovechar la espera

Pregunta con amabilidad al personal, que suele saber qué opciones hay. No discutas ni te enfades, porque nadie tiene la culpa y no ayuda. Pregunta cuándo sale el siguiente barco y qué pasos tienes que dar. Mientras tanto, busca un lugar cómodo donde esperar. Si hay una cafetería o una zona verde cerca, puede ser un buen momento para tomar algo.

Convierte la espera en un descanso. Comed algo, estirad las piernas, dad un paseo por la zona y dejad que los niños jueguen un rato. Cuando se pasa un mal momento con buen humor, se recuerda luego como una anécdota. Aprovecha para revisar el resto del viaje y ajustar los planes, y avisa a quien os espere en el destino. Así se pasa el tiempo más rápido.

Tomad nota de lo aprendido para la próxima vez. Salir con más margen, contar con posibles retrasos y preparar una alternativa evita muchas prisas. No te reproches nada ni se lo reproches a otro: a todos nos puede pasar. Lo importante es que la familia siga unida y de buen humor. Cuando por fin subáis al barco, disfrutaréis de la travesía aún más, y quizá vuestros hijos recuerden esta espera con una sonrisa.